Un oasis de plantas entre infraestructuras
Una pérgola que se disuelve en el paisaje
Situada en el entorno emblemático del Faro de Sant Sebastià, en la Costa Brava, la intervención transforma el espacio exterior del restaurante en un ámbito de estancia, sombra y relación directa con el mar. La propuesta parte de una premisa clara: construir una estructura capaz de acompañar el edificio sin competir con él, preservando la presencia del faro y manteniendo abiertas las vistas hacia el horizonte.
La pérgola se dispone separada del edificio y lo envuelve con una presencia ligera, casi desmaterializada. La posición de los pilares y los elementos verticales no responde a una trama regular, sino a una organización ajustada a la distribución de las mesas, a los recorridos y a las líneas de visión hacia el mar. Esta disposición permite crear pequeños salones exteriores sin interrumpir la percepción del paisaje, haciendo que la estructura ordene el uso del espacio mientras deja respirar la arquitectura y el horizonte.
El proyecto trabaja con pilares muy esbeltos y elementos verticales de soporte para las trepadoras. Su presencia fragmentada reduce el impacto visual de la pérgola y evita la lectura de un objeto pesado o excesivamente protagonista. Entre estos elementos aparecen los ámbitos de mesa, más recogidos, pero siempre abiertos hacia el exterior.
La estructura horizontal se resuelve con platinas discontinuas que rompen la idea de una cubierta homogénea. Esta solución permite adaptarse a la presencia de los pinos existentes, dejar paso a sus troncos y generar diferentes puntos de soporte para el crecimiento vegetal. La pérgola no impone una forma cerrada, sino que se construye a partir de las condiciones del lugar: el edificio, los árboles, las mesas, la luz y las vistas.
Las plantas trepadoras colonizan progresivamente los soportes verticales y la trama superior, aportando sombra, frescor y una atmósfera más amable para el restaurante exterior. Su función no es solo ornamental: ayudan a definir ámbitos de estancia, a filtrar la luz y a aportar intimidad sin construir límites opacos.
Esta estrategia permite que cada grupo de mesas funcione como un pequeño salón exterior, rodeado parcialmente por vegetación pero abierto visualmente hacia el mar. La plantación acompaña la estructura y atenúa su presencia, reforzando la sensación de que la pérgola flota sobre el espacio y que el paisaje sigue siendo el protagonista. Las diferentes especies aportan floraciones sucesivas y permiten también una cobertura más densa en verano con especies caducas como Wisteria sinensis, Campsis × tagliabuana ‘Mme. Galen’ y Plumbago auriculata, pero también con cierta presencia en invierno gracias a la Bougainvillea glabra, que en estas condiciones florece prácticamente todo el año.
El resultado es una intervención ligera y contenida, concebida como un soporte para la vida exterior del restaurante. Una pérgola que ordena, da sombra y favorece el confort, pero que, sobre todo, preserva lo esencial del lugar: la relación entre el faro, los pinos y el horizonte mediterráneo.
Far Nomo