Un oasis de plantas entre infraestructuras
Un patio jardín en Barcelona
El proyecto Modolell se sitúa en el distrito de Sant Gervasi, en Barcelona, en un pequeño patio vinculado a una vivienda en planta baja. A pesar de su dimensión contenida, este espacio exterior se convierte en una pieza central en la vida doméstica de la casa, ampliando sus usos y mejorando su calidad ambiental. La intervención entiende el jardín como una prolongación habitable de la arquitectura, un lugar donde vegetación, materia y cotidianidad se integran para construir una atmósfera de intimidad, confort y calma.
La geometría del lugar, definida por el trazado curvo del límite de la manzana, estructura toda la propuesta. A partir de esta condición, se introduce un cerramiento vertical de madera que protege el espacio, filtra las vistas y refuerza la privacidad de los habitantes. Este elemento acompaña las zonas de estar y de comedor exteriores, vinculadas a la sala interior, mientras que las estancias más privadas, como la cocina y los dormitorios, se relacionan con los límites a través de grandes paneles de mimbre. El proyecto construye así una relación directa entre arquitectura y vegetación, no como capas superpuestas, sino como partes de un mismo sistema espacial.
La matèria del recogimiento
La materialidad es uno de los principales recursos del proyecto para dar cohesión y carácter al conjunto. El pavimento de madera refuerza la calidez del área principal y acompaña el uso más próximo a la casa, mientras que en otros tramos se alterna con adoquines de basalto para adaptarse a la naturaleza de cada espacio. Esta variación material permite ritmar el recorrido y construir una secuencia doméstica rica, donde los espacios de estancia se insertan con naturalidad dentro del jardín.
El muro de madera, resuelto con listones verticales de tres metros formados por piezas de longitud variable, aporta profundidad, vibración cromática y densidad espacial, y acentúa la sensación de recogimiento y protección. Los paneles de mimbre introducen un contrapunto más ligero y poroso, y completan una paleta de materiales naturales, cálidos y táctiles que refuerza la calidad del espacio.
La vegetación se incorpora como un sistema vivo que cualifica el espacio y transforma su experiencia a lo largo del tiempo. En las franjas verdes próximas a la zona principal se disponen especies de porte bajo como Bergenia cordifolia, Lomandra longifolia y Hedera helix, intercaladas con bulbos de narciso que introducen variación estacional. Entre el muro de madera y el espacio de estancia, la zona plantada, con el banco de piedra como límite, crea una transición amable entre superficie habitable y masa vegetal.
El resto de la plantación combina especies arbustivas y trepadoras que aportan densidad, textura y una expresión más libre del jardín. Las trepadoras revisten los elementos verticales, mientras que especies como Fatsia japonica, Nandina domestica, Mahonia ‘Soft Caress’ y Gardenia jasminoides, junto con helechos y Carex, enriquecen el espacio desde un punto de vista visual, ambiental y sensorial. La selección vegetal responde tanto a criterios de adaptación y confort como a la voluntad de singularizar el lugar e intensificar su carácter habitable.
En el lado largo del jardín, la alternancia entre madera y piedra acompaña los distintos usos, mientras que la presencia de un naranjo, un limonero y especies de hoja grande como Alocasia macrorrhiza y Strelitzia nicolai intensifica la dimensión sensorial del conjunto. La floración de los cítricos, la textura de la vegetación y la gradación entre zonas más abiertas y áreas más frondosas construyen una atmósfera íntima y protegida, capaz de aislar el patio de su entorno inmediato.
Modolell