Un oasis de plantas entre infraestructuras
Recuperando la memoria del paisaje
La finca de Tiana es una antigua explotación agrícola situada en la ladera de la Serralada de Marina, un territorio caracterizado por un paisaje de bancales, muros de piedra seca y cultivos mediterráneos que durante siglos han modelado la relación entre la actividad humana y el medio natural. Cuando se inicia el proyecto, el abandono progresivo de la actividad agrícola había provocado la degradación de los sistemas de contención, procesos erosivos y una alteración del funcionamiento hidrológico del conjunto, comprometiendo tanto los valores ecológicos como el patrimonio paisajístico del lugar.
La intervención parte de una visión integral del paisaje, entendiendo la finca como un ecosistema complejo en el que topografía, vegetación, agua y arquitectura forman parte de un mismo sistema. El objetivo principal es recuperar los mecanismos que tradicionalmente habían garantizado el equilibrio ambiental y productivo del territorio, adaptándolos a las necesidades contemporáneas y asegurando su evolución futura.
El proyecto trabaja simultáneamente en la regeneración ecológica y en la recuperación del carácter agrícola del lugar. La restauración de los muros de piedra seca, la reconstrucción de los bancales y la reintroducción de cultivos de frutales, viñedo y huerta permiten recuperar estructuras históricas que, más allá de su valor patrimonial, continúan ejerciendo una función esencial en la estabilización del terreno, la gestión del agua y la biodiversidad.
La intervención preserva el arbolado existente y refuerza la estructura vegetal mediante nuevas plantaciones adaptadas al clima mediterráneo. Estas actuaciones contribuyen a estabilizar el terreno, incrementar la biodiversidad y recuperar la identidad de un paisaje construido a lo largo del tiempo a través de la interacción entre naturaleza y actividad humana.
La gestión de los recursos hídricos se convierte en uno de los ejes fundamentales de la propuesta. Mediante la redefinición de la microtopografía y la recuperación de los procesos naturales de drenaje, el proyecto favorece la infiltración del agua de lluvia, reduce los efectos de la erosión y contribuye a restablecer el equilibrio hidrológico del conjunto. Esta estrategia permite aumentar la resiliencia del paisaje frente a las condiciones propias del clima mediterráneo y minimizar la necesidad de intervenciones futuras.
Alrededor de la vivienda se desarrolla un sistema de jardines que se integra de forma natural en la estructura agrícola existente. La vegetación autóctona y adaptada construye una transición gradual entre los espacios domésticos y el paisaje productivo, reforzando la conexión entre arquitectura y territorio. Los materiales utilizados —piedra local, madera y cerámica— recuperan el lenguaje constructivo tradicional y contribuyen a consolidar la identidad del lugar.
Más que una actuación puntual, el proyecto se plantea como un proceso de regeneración territorial. La intervención recupera los valores ambientales, culturales y productivos de la finca, transformando un espacio degradado en un paisaje vivo capaz de evolucionar con el tiempo. Arquitectura, agricultura y naturaleza se fusionan así en un único sistema que revaloriza el territorio y restablece una relación equilibrada entre las personas y su entorno.
Tanto para las especies arbustivas como para el arbolado se han seleccionado plantas adaptadas a las condiciones climáticas mediterráneas y de bajo consumo hídrico. La estructura principal del jardín se apoya en ejemplares de olivo (Olea europaea) y ciprés (Cupressus sempervirens), especies de gran resistencia y fuerte arraigo en el paisaje local. Estas se complementan con una paleta arbustiva formada por especies aromáticas como la lavanda (Lavandula spp.), el romero (Salvia rosmarinus prostratus) y la santolina (Santolina chamaecyparissus), capaces de aportar textura, color y floración a lo largo del año con unas necesidades de mantenimiento muy reducidas.
Únicamente se ha incluido una pequeña superficie de césped, con una especie muy resistente a la sequía tipo C4; en cualquier caso, se ha priorizado la utilización de especies tapizantes y gramíneas ornamentales de bajo porte, con un consumo de agua muy bajo y una buena adaptación a las condiciones ambientales del lugar. Las diferentes especies se distribuyen en función de sus necesidades de insolación y humedad, ocupando tanto los espacios más protegidos como las zonas más expuestas, y generando un conjunto vegetal equilibrado, resiliente e integrado en el paisaje mediterráneo.
Tiana